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Biden alienta a los cubanos a desafiar al régimen en una gran marcha prohibida

Tensión en la isla ante la manifestación del 15 de noviembre tras los sucesos de julio

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Los miles de cubanos que el 11 de julio plantaron cara al Gobierno en masivas manifestaciones reprimidas con violencia por la policía no quieren rendirse y están dispuestos a repetir.

Pero la marcha pacífica que preparan ahora, el 15 de noviembre en La Habana y otras ciudades, es distinta. Sus convocantes, agrupados en la plataforma cívica Archipiélago, pidieron permiso para marchar por las calles –hecho insólito en la isla–, en principio el 20 de noviembre. Entonces los gobernantes llamaron a filas al ejército para unos ejercicios militares entre el 18 y el 20 de ese mes. Los organizadores de la marcha adelantaron la fecha al día 15. Y el ejecutivo de Miguel Díaz-Canel prohibió las concentraciones. Pero los convocantes mantienen sus planes. Y ahora tienen el apoyo y aliento del presidente de Estados Unidos. Un cóctel explosivo.

Las demandas del grupo Archipiélago, cuya principal cabeza visible es el dramaturgo Yunior García Aguilera, son simples y contundentes. Piden “respeto a los derechos humanos, la liberación de los presos políticos, el fin de la violencia y una solución de las diferencias entre cubanos por vías democráticas y pacíficas”.

El colectivo invoca el derecho de manifestación consagrado –teóricamente– en el artículo 56 de la Constitución cubana. Pero los gobernantes replican que por encima de todo está el artículo 4 del mismo texto, que establece el carácter “irrevocable” del socialismo. Toda acción ejercida para cuestionar en contra de tal disposición, alegan, “es ilícita”.

Manifestación de cubanoamericanos en Miami, el pasdo 21 de julio, en apoyo a las protestas de días antes en la isla. CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICH / EFE

A través de un comunicado oficial de la Casa Blanca, Joe Biden expresó el fin de semana su “condena enérgica” de la prohibición de la marcha. “Al negarse a permitir estas manifestaciones, el régimen de La Habana demuestra claramente que no está dispuesto a honrar o defender los derechos humanos y las libertades fundamentales de los cubanos”, señaló.

¿Y qué cabe esperar de la múltiple marcha del 15 de noviembre? Todo en general y nada en lo inmediato y concreto. Todo, porque “la gran marcha que nuestro pueblo emprendió en julio ya no se detiene y va más allá” de las convocatorias concretas, dice en entrevista telefónica con La Vanguardia la escritora cubana Wendy Guerra. La autora de Todos se van o Domingo de revolución aduce que, en contraste con otras movilizaciones de épocas pasadas, ahora existe “una generación que no debe nada a los mártires” cubanos ni a los líderes de la revolución. Y “una multitud de miles y miles de personas disgustadas y dispuestas a rebelarse porque sienten que no tienen nada que perder”.

El ejecutivo heredero de los hermanos Castro, mientras, ha probado su “incapacidad para entender a la gente” y su “inoperancia” para resolver los problemas, lo cual les ha granjeado la “impopularidad ante el resto del mundo” e incluso el descrédito ante la izquierda internacional, opina. Porque, “para los demócratas, esto es una vergüenza”. El régimen se ha convertido en “un negocio familiar que ya no puede presentarse como estandarte de una utopía socialista”. Y “el mito de la sanidad y la educación, que son “un desastre, ya desapareció”.

Pero el camino es “muy largo”, prosigue la novelista y poeta. Porque, pese a las continuacs acusaciones del gobierno sobre supuestos vínculos del grupo Archipiélago con la CIA, el movimiento carece de recursos y financiación para combatir al Gobierno, que es “el que tiene las armas” y la capacidad y determinación de castigar a los rebeldes.

Los promotores de la marcha de noviembre y quienes les siguen tendrán que “hallar los medios de lucha”, hacerse oír en los medios extranjeros y organizarse sin contar demasiado con Washington, “que ya no está por la labor de entrar en ningún país sino en todo caso de salir de donde estaba”.

Tal vez el 15 de noviembre no pueda ocurrir nada determinante. Sobre todo porque las ciudades estarán tomadas por la policía. Pero hoy por hoy “no existe más solución que la del pueblo echándose a las calles en masa”. Aunque haya “derramamiento de sangre”. Wendy Guerra lo ve inevitable. Pero el cambio en Cuba también lo es, cree ella. O confía.

Fonte: La Vanguardia

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